MENSAJE DEL DIRECTOR GENERAL

Por: Dr. Cornelly Williams, M.Sc., PhD.


Es hora de que las escuelas preparen a los jóvenes para la vida. Para vivir vidas productivas y exitosas. En este sentido, hace falta enfatizar lo esencial y dejar de gastar tanta energía en lo accesorio. Por ejemplo, perdemos demasiado tiempo y esfuerzo en garantizar la imagen externa de los estudiantes, como el corte de cabello, el largo de la falda, etc., mientras descuidamos la formación del hombre interior. Los valores básicos como la transparencia, la honestidad, la responsabilidad, el respeto a los demás, no ocupan mucho de nuestro currículo. 

Tengo ya 22 años de ser docente, y más de quince de éstos los he pasado en la administración escolar, y he observado recurrentemente la misma cosa. Las escuelas obsesionadas con la calificación, los padres de familia y docentes que creen que la nota lo es todo. Consecuentemente, vemos estudiantes que se valoran a sí mismos de acuerdo a su rendimiento académico. 

¡Cuán alejado está esto de la realidad! En el campo laboral, las competencias técnicas van de la mano con el saber convivir, con el ser responsable y confiable, con el ser una persona de calidad. 

Como empresario, me toca administrar 9 empresas de servicio a nivel nacional, y la mayoría de las veces que me ha tocado prescindir de los servicios de algún colaborador, ha sido más por problemas de malas actitudes que por incompetencia técnica. 

¿Hasta cuándo las escuelas van a seguir siendo tan irrelevantes? ¿Para qué me sirve ser el mejor en química, álgebra o sociales, si no sé ser una persona confiable, responsable y respetuosa? 

Sin descuidar lo académico, las escuelas deberían ser espacios propicios para que nuestros jóvenes y niños aprendan a ser excelentes esposos, padres, vecinos, colegas, etc. Todos los esfuerzos docentes deben llegar al mismo lugar: el desarrollo y el crecimiento personal. Debemos enseñarles a nuestros chicos a ser mejores personas cada día.

Finalmente, el fondo del problema son los docentes y los padres de familia. No podemos dar lo que no tenemos. ¿Cómo puedo enseñarle a los chicos responsabilidad, previsión, respeto, si yo mismo actúo de forma mediocre e improvisada todo el tiempo? Por lo tanto, el mayor desafío de la educación hoy, es mejorar la calidad de los docentes y padres de familia, quienes somos, en última instancia, los responsables del tipo de ciudadanos que tenemos en el país.

Debo insistir en este último punto, los padres de familia son los primeros y más importantes educadores de sus hijos; sin embargo, un buen docente puede impactar la vida de sus estudiantes y suplir mucha de la deficiencia que se encuentra en los hogares. A tal punto que es capaz de lograr impresionar de tal manera la mente de sus alumnos para que éstos cambien sus actitudes y decidan vivir una vida más plena y productiva.

Nuestros estudiantes nos representan, nuestros hijos dicen quiénes somos realmente. Podemos decir lo que queramos, pero nuestro legado, la evaluación final de nuestro desempeño como padres y/o maestros, la darán esos niños y jóvenes que pasaron por nuestras manos.

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